“Debemos cambiar nuestra manera de pensar y esforzarnos más para alcanzar nuestro sueños”

Para Inés López, la palabra fácil existe, pero no es sinónimo de su vida. Hace 70 años nació en San Juan de Colon en el Táchira, pero desde hace más de 20 vive junto a su esposo e hijo en Maracaibo. Pasó por “todo”. Abandono la escuela, plancho, vendió cepillados, vivió en un ranchito, la operaron dos veces a causa de un tumor maligno, escucho cuando los médicos dieron tres meses de vida a su padre y “jamás” se cruzó de brazos. Rió y lloró.

Tanto su infancia como adolescencia, fue “normal”. Vivió en el campo junto a sus padres y hermanos. Comenzó tarde en la escuela, a los 8 años, y la abandonó a los 16, cuando cursaba primer año. “No me gustaba mucho. Prácticamente no iba, porque mamá empezó a trabajar y la acompañaba para ayudarla. Planchábamos y lavábamos, me quedaron varias materias y no quise ir más”, dice mientras su mirada se pierde en el espacio.

Sus labores fueron diversas. Trabajó como obrera en un jardín de infancia a lo largo de 18 años, vendió cepillados, periódico, café y chucherías. Lavo y plancho nuevamente y ahora vende chicha. Para encontrar un hogar estable, como el de la actualidad, su periplo fue ajetreado. De San Juan de Colon, junto a su familia, se fue a vivir a la casa de sus suegros. De ahí, a un ranchito propio en los Cortijos, luego a una habitación alquilada y después a una casa propia cerca de Los Patrulleros. Un paraje en la casa materna y refugiarse en el local donde vendieron helados durante tres años, desembocaron en la adquisición de la morada donde viven desde hace 18 años.

Coloreando la tristeza

A Rufina, su segundo nombre, le encanta el pollo con arroz, los boleros y las baladas. Planchar, el vallenato y los granos, nunca le agradaron, pese a que los comía casi a diario al ser el alimento más frecuente en su mesa. Los momentos más bonitos de su vida, según ella, fueron al recibir la noticia de que estaba embarazada y dar a luz; casarse y ver nacer a su primera sobrina, que era la única pequeña de la casa.

Las alegrías no siempre coparon su vida. Escuchar a través del teléfono una voz entrecortada que dijo: “mamá murió”, fue “devastador”. Recordar ese momento, del que ya transcurrieron 23 años, hace que un par de lágrimas recorran sus mejillas. La tristeza tuvo otro rostro y se expresó intempestivamente tras una enfermedad que amenazo con invadir su cuerpo y arrebatarle la vida.

En 2008 le diagnosticaron cáncer de mamá. Se tocó el seno, sintió “algo extraño” y decidió ir al médico. “Fue demasiado difícil. Pensé en mi hijo que aún estaba en la universidad. No me podía morir”, recuerda. Dos operaciones fueron cruciales. La primera para extirparle el tumor maligno alojado en el seno izquierdo. La segunda, 15 días después, debido a que la intervención quirúrgica inicial se infectó. La recuperación, compleja y cuesta arriba, hizo que el proceso transcurriera entre “sudor y lágrimas”.

Una vida sin frenos

Para cumplir con el tratamiento de radioterapias y quimioterapias, no tuvo otras opciones que caminar o trasladarse en unidades de transporte público; los taxis estaban descartado por falta de dinero. Durante 45 días, Inés abordó seis carritos o autobuses diarios para llegar desde su casa hasta el hospital. “Sentía que me desmayaba de tanto calor, era un horno. Las pañoletas y el paragua era lo único que me protegía del sol”.

Con “fe en Dios”, apoyo familiar y de sus amistades, recuperó la sonrisa desdibujada. “La muerte no era una opción. A veces pienso como logramos superar todo con tan poco dinero. La única entrada fija que teníamos era una pensión”.

Con aquello en el pasado, dice con orgullo, que su familia “es lo más grande” que tiene. Sueña con un mundo mejor, no como antes, pero si distinto al actual. También con ver a su hijo trabajando como ingeniero en sistemas. “Debemos cambiar nuestra manera de pensar y hacer las cosas. Venezuela es bella, como este país no hay otro y no lo cambiaria ni que tuviera la oportunidad. Dejamos perder muchas cosas, pero pese a todas las dificultades si queremos algo podemos alcanzarlo”.

Paralelo a la crisis

La situación política, económica y social que atraviesa el país que se transformó en exportador de cerebros, es compleja y aprieta a sus habitantes. Los venezolanos, como López señala, son “echados pa lante”, trabajadores y luchadores, pero “debemos esforzarnos más y hacer las cosas con amor, porque si bajamos la guardia no ganamos nada”.

La emprendedora es optimista y asegura que “vale la pena luchar por Venezuela” y si la situación está difícil, “tenemos que apurar el paso”, porque “no podemos, ni debemos, dejar hundir este barco”. En la “unión esta la fuerza” y “trabajando, las cosas pueden salir adelante”, agrega esperanzada.

Desde hace un año, vende en su hogar la chicha que elabora con ayuda de su familia, tras escuchar a un cuñado hablar de la receta y aprovechar el capital que arribo a la familia luego de vender el inmueble materno de su esposo. El dinero alcanzó para comprar la materia prima y los utensilios. Así nació todo. Ni en los momentos más difíciles los López pasaron hambre; hasta como salserines (barrido manual en la calle) trabajaron. “Logramos las cosas con mucho esfuerzo, perseverancia y constancia. Nada es imposible y de ninguna manera podemos cansarnos. Tenemos que luchar hasta que tengamos vida”.

Sobre la ambición habla con cautela y es tajante al señalar que “no puede ser que queramos ser rico de la noche a la mañana”. Inés tiene 38 años de casada y en medio de todas las dificultades y tristezas, considera que en su vida han sido más las cosas buenas, que las malas. Nunca tuvo un juguete, porque para sus padres regalárselo no era importante y pese a contar su historia ente nostalgias y risas, rememora el pasado “sin resentimientos”, porque “recordar es vivir”.

*Esta nota se publicó originalmente el 4  de enero de 2018 en nuestro blog anterior.

 

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Un comentario sobre ““Debemos cambiar nuestra manera de pensar y esforzarnos más para alcanzar nuestro sueños”

  • el 9 marzo, 2018 a las 5:24 pm
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    Excelente articulo, debemos ver el lado positivo de las cosas. Sigan apoyando a los emprendedores de este pais, y los que seguimos trabajando por una mejor Venezuela. Muchos exitos y seguire leyendo sus articulos.

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