Venezuela, un paraíso verde propicio para morir

En el país megadiverso, más de 80 mil personas pierden la vida cada año a causa de enfermedades relacionadas con el medio ambiente. El estado Zulia, reportó la mayor tasa de mortalidad, mientras los accidentes cerebrovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias, diarreas y paludismo, se alimentan de la minería, basura, contaminación de las aguas, pérdida de biodiversidad, falta de institucionalidad y gobernabilidad ambiental. 


Texto y datos: Francisco Rincón | Diseño y gráfico: Junior Carreño Meza


Marcos no para de llorar, a sus siete años ve como su familia grita en la sala de su hogar, junto al féretro donde reposa la mujer que lo trajo al mundo. No entiende nada, su padre intenta ocultarle un cáncer terminal diciéndole: “Mami está en el cielo acompañando a Dios”. Para la familia Pérez, el fallecimiento de Marisol fue “increíble”. Alegan que no existen motivos que justifiquen el deceso, pese a que en Venezuela la patología destaque, al menos en los últimos 20 años, en el segundo lugar dentro de las principales causas de muerte.

En el país sudamericano, reconocido en otrora por sus reservas petroleras, oportunidades, biodiversidad y belleza, y en la actualidad por la fuga de cerebros, crisis política, económica y social, la situación ambiental es relegada a segundo plano. El abordaje de los problemas, propuestas de soluciones, estudios, investigaciones, campañas educativas y difusión, se reducen a ONGs, fundaciones, especialista, catedráticos, periodistas, pequeñas comunidades o interesados en el tema, que trabajan “con las uñas”.

La información oficial no es precisa, es parcial, está desactualizada, dispersa, “inaccesible para personas no especializadas”, de difícil acceso público y poco confiable, además, con frecuencia las personas o grupos que denuncian los problemas ambientales reciben insultos, amenazas, ataques y son perseguidos por mafias, grupos de choque o funcionarios del estado.

Entorno fatal

En el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el impacto del medio ambiente es mortal. El 23 por ciento de los decesos están relacionados con las condiciones del entorno, esto representa unos 12,6 millones de muertes al año y entre las principales causas de fallecimiento destacan los accidentes cerebrovasculares, cardiopatía isquémica, cáncer, enfermedades respiratorias crónicas, enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias, afecciones neonatales, paludismo, entre otras.

Factores de riesgo en el hogar, lugar de trabajo y comunidad, a través de la contaminación del aire, agua, saneamiento e higiene, exposición a productos químicos, radiación ultravioleta, ruido ambiental, prácticas agrícolas, entornos urbanizados y cambio climático, hacen estragos. Los países de ingresos bajos y medianos reportan mayor carga de enfermedades relacionadas con el medio ambiente. Los menores de cinco años y los adultos de entre 50 y 75 años, son los más afectados.

En 2016, Margaret Chan, directora general de la OMS, comentó que, “si los países no adoptan medidas para que los ambientes en los que vivimos y trabajamos sean sanos, millones de personas seguirán enfermando y muriendo prematuramente”.

Un país marcado por la tragedia  

En Venezuela, las advertencias de la OMS y especialista en el tema llegan a “oídos sordos”. Al tomar como referencia los criterios de la Organización Mundial de la Salud y contrastarlos con los anuarios de mortalidad del país, publicados entre 1998 y 2013 -año en que por última vez fueron de acceso público- el resultado deja constancia de la hecatombe.

El drama de Venezuela no es casual, o al menos así lo refleja su situación ambiental. La ONG Vitalis en su balance anual presentado en 2017, detalló que los principales problemas ambientales en el país son la minería y su impacto al ambiente, la gestión inadecuada de los recursos hídricos basados en una débil gestión que se manifiesta en la escasez y desabastecimiento de agua en centros poblados, contaminación, falta de tratamiento de aguas residuales e industriales, despilfarro, ausencia de inversión, entre otros, aunado al deficiente manejo de los residuos y desechos sólidos, pese a que en 2010 se decretó la Ley de Gestión Integral de la Basura

Las causas de muertes por enfermedades relacionadas al medio ambiente son seis veces mayores que por diabetes y el triple que por homicidios.

A estos flagelos se suman la perdida alarmante de biodiversidad causada principalmente por la destrucción de hábitats naturales, la agricultura, ganadería, desarrollos urbanísticos, expansión industrial, cacería y venta ilegal de fauna silvestre. El cumulo de problemas lo completan la vulneración de las áreas naturales protegidas, débil respuesta a eventos climáticos, falta de institucionalidad y gobernabilidad ambiental, deficiente gestión urbana, carencia de programas de educación ambiental, contaminación ambiental, desarrollo no sustentable del país y manejo ex situ de la fauna.

En Venezuela mueren 220 personas cada día por enfermedades realacionadas al medio ambiente

Megadiversidad en medio de la nada

Venezuela es uno de los 17 países megadiversos en el mundo, consideración que se le atribuye, porque en selvas, montañas, costas, llanos, ríos, lagunas, desiertos, páramos, manglares, tepuyes, morichales y sabanas, alberga una de las más diversas riquezas biológicas del planeta. Es el sexto país con mayor biodiversidad de especies de aves, quinto en plantas superiores con más de 15 mil especies, décimo en anfibios, sexto en mamíferos, decimo en reptiles y noveno en mariposas. En su territorio alberga al menos, unas mil 790 especies de peces y más de 100 mil de insectos. El país tiene o comparte con otros, 21 de 178 ecoregiones prioritarias que fueron definidas para Latinoamérica y el caribe.

Cuenta con uno de los conjuntos de Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE), más variados y extensos de la región. En la actualidad, las áreas naturales “protegidas” (Parques Nacionales y Monumentos Naturales), equivalen al 21,76 por ciento del territorio venezolano y la totalidad de las áreas protegidas conservan el 85 por ciento de las fuentes de agua del país, la hidroelectricidad, el oxígeno, los bienes y servicios fundamentales para el desarrollo sustentable de la nación

La trayectoria de 70 años de “logros” en conservación de recursos naturales y biodiversidad, así como de beneficios tangibles que brindan para la sociedad, se encuentran en graves peligros, luego de haber sido considera Venezuela como una de las naciones latinoamericanas de avanzada en este sentido.

Toda persona tiene derecho a disfrutar de un ambiente seguro y sano. Por lo tanto, no esta permitido realizar actividades que puedan ocasionar daños al ambiente, sin que se realice previamente un estudio de impacto ambiental y socio cultural (…)
Art. 127 y 129 de la Constitución de Venezuela.

Arrasando el pasado, presente y futuro

La deforestación es otro de los males que arrasa y compromete la vida en suelo venezolano. Según la investigación periodística “Arco Minero del Orinoco: Crimen, corrupción y cianuro”, el “proyecto” avanza sin haberse elaborado los estudios de impacto ambiental y la deforestación alcanzo los mil 058 kilómetros cuadrados, que equivalen a 141 mil canchas de fútbol de acuerdo a imágenes satelitales realizadas por la Nasa en los municipios mineros del estado Bolívar entre 2001 y 2014.

Los mineros de la zona utilizan mercurio para comenzar a separar el oro de las rocas que sacan de las minas y a lo largo de todo el proceso no pueden evitar respirar el aire contaminado. El elemento químico contamina aguas y suelos a su paso e intoxica a las personas, causando daños al sistema nervioso, aparato digestivo, sistema inmunitario, pulmones y riñones.

La devastación se extendió hasta el Parque Nacional Canaima, a pesar de que se trata de un área protegida por la normativa legal vigente y de que el 5 de agosto de 2016 fue publicado en Gaceta Oficial el decreto presidencial que prohíbe el uso, tenencia, almacenamiento y transporte del mercurio como método de obtención o tratamiento del oro y cualquier otro mineral metálico o no metálico en todas las etapas de la actividad minera que se desarrollen en Venezuela.

Ingobernabilidad ambiental

El 1 de abril de 1977, inicia sus actividades el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables en Venezuela, para asumir las funciones inherentes a la protección, defensa y mejoramiento del ambiente. A lo largo de los años, cambio su nombre en varias oportunidades, fue suprimido y creado con otras particularidades; hoy se conoce como Ministerio para Ecosocialismo y Aguas.

Según datos oficiales, es responsable de “conducir las políticas con conciencia crítica para el uso responsable de los recursos naturales, permitiendo una relación armónica entre los seres humanos y la naturaleza, representando un reto para la gestión Ecosocialista, ya que debe armonizar el desarrollo nacional con la preservación del planeta y la salvación de la especie humana”.

La teoría no se traduce en la realidad y especialistas de diversas ideologías, alzan su voz para criticar la gestión de las autoridades al frente del ministerio y su desempeño durante todos estos años. En un artículo publicado en el portal chavista Aporrea puede leerse: “2016 fue el peor año para el ambientalismo y el ambiente en Venezuela. La actual cartera sigue siendo un ministerio simbólico dentro de la estructura del gobierno y no un ente estratégico de desarrollo nacional y órgano obligado de consulta para los planes nacionales. Es un ministerio muy débil, sin capacidad de hacer contrapeso frente a los planes desarrollistas disfrazados de ecosocialismo”.

Uno de los especialistas consultados para este trabajo, que prefirió mantener su nombre en el anonimato por temor a represalias, señaló que las gestiones gubernamentales de los últimos 19 años han sido “una de las menos consecuentes con el tema ambiental en la historia del país y quizás de Latinoamérica”. Agrega que -en los cambios del ministerio-, se perdieron oficinas de educación ambiental, fuentes de investigación y partieron muchos profesionales. “Los acuerdos internacionales no se respetan. Es una administración depredadora y cómplice de la deforestación, extracción ilegal y contaminación. PDVSA más nunca dio la cara por los derrames petroleros”.

Inversiones taladas

La inversión en materia ambiental “no es prioridad” para las autoridades venezolanas, a diferencia de otros sectores como el de defensa, que solo en 2017 contó con un presupuesto superior a los 767 millardos de bolívares. Según las Memorias y Cuentas del Ministerio para el Ambiente, entre 2012 y 2015 la cartera reportó entre ingresos liquidados y recaudados, poco más de 222 millones de bolívares, mientras que los gastos correspondientes a ese mismo período, ascendieron a más de 25 millardos de bolívares.

  • Inversión en conservación (Venezuela-Promedio en los últimos 10 años)

3,66 US$/Km2

  • Países en vías de desarrollo (inversión promedio)

161 US$/Km2

  • Presupuesto del Instituto Nacional de Parques (Inparques- 2014)

0,06 % del total nacional

  • Inversión del estado en Inparques (Aproximadamente por año. Dólar calculado a la tasa oficial de entonces)

45 millones de $

  • Aporte del Parque nacional Canaima a la economía

3.295 millones de $

Un retorno superior a 7.300%

  • Ejecución presupuestaria de Imparques (por kilómetro cuadrado de territorio protegido. 2010)

7,38 dólares

  • Inversión de las agencias de parques nacionales en Sudamérica (promedio por Km2 durante 2007-2008)

139 dólares

19 veces más que Venezuela

  • Presupuesto ordinario del Ministerio para el Ambiente (2014)

1,9 millardos de Bolívares

0.43% del total nacional y ocupo el puesto 17 entre los 31 ministerios

Fuente: Vitalis, Jon Paul Rodríguez.

Las acciones, omisiones y pasividades, le pasan factura a Venezuela. Aunado a las más de un millón de almas que perdieron la vida entre 1999 y 2013, 748 especies de fauna y 341 especies de plantas se encuentran amenazadas, existen más de 270 vertederos de basura a cielo abierto (hoy más de 400) , la actividad petrolera acumuló 120 mil metros cúbicos de desechos peligrosos, con 80 por ciento de los habitantes viviendo al norte del país y con 80 por ciento del agua dulce al Sur, el servicio de agua potable es deficiente en cantidad, calidad y continuidad, y la seguridad hídrica está amenazada, alertaba en 2014 Alejandro Álvarez Iragorry, experto en desarrollo sostenible y ecología.

Venezuela es “altamente vulnerable” a los efectos del cambio climático mundial y el ejecutivo tiene una visión “ideologizada del problema”. En el Informe de la Segunda Comunicación Nacional de Cambio Climático publicado en noviembre de 2017 con data base correspondiente al 2010, los expertos del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHE) prevén disminuciones de las precipitaciones anuales, incremento del nivel medio del mar que se asocia a una marcada erosión costera y perdida de la biodiversidad, inundaciones, perdida de humedales, elevadas temperaturas y demás.

Futuro desalentador

En 2010 solo por consumo de combustibles fósiles, el país registró las más altas emisiones de dióxido de carbono (CO2) por habitante de América latina y aunque no es el estado que proporcionalmente pierde más vegetación, es el que tiene la tasa de deforestación más acelerada.

En su momento, Aude Maio-Coliche, embajadora de la Unión Europea en Venezuela explicó que Latinoamérica produce solo siete por ciento de las emisiones de CO2 pero es la región más vulnerable. La nación sudamericana, que cuenta con un territorio ambientalmente rico, una legislación ambiental completa e integral y un alto nivel de técnicos y profesionales, ve como más de la mitad de su población muere a causa de enfermedades del corazón, cáncer, enfermedades cerebrovasculares, trastornos respiratorios y cardiovasculares específicos del período perinatal, neumonía, enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores, paludismo, enteritis y otras enfermedades diarreicas.

Los especialistas en el tema, resaltan que las principales causas de los decesos relacionados al impacto ambiental tienen que ver con la contaminación del aire. El presente y el futuro de la tierra de Bolívar es “desalentador”, la situación ambiental continua empeorando y la tasa de mortalidad aumentando, aún más, tomando en cuenta la escasez de medicamentos para infecciones respiratorias agudas y diarreas (por citar un ejemplo), que según la Asociación Civil Convite supero el 95.9 por ciento y 91 por ciento, respectivamente en febrero. En el occidente del paraíso verde propicio para morir, el Petróleo y la desgracia marcan la Tierra del Sol Amada.

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