La temporada de lluvia irregular amenaza desde distintos frentes al Zulia

La alta tasa de deforestación en el sur del país incidió en la alteración del ciclo del agua y la concentración de gases en la atmosfera ocasionan que los fenómenos sean más agresivos. La falta de árboles en los municipios zulianos, ausencia de planificación, obstrucción de cañadas y la descomposición de la basura a cielo abierto, son combustibles para una hecatombe.


Texto y fotografías: Francisco Rincón 

El 31 de mayo, Néstor Reverol, ministro para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, informó que los cuerpos de rescate y prevención se preparaban para el inicio del periodo de lluvias en el territorio venezolano, previsto para el 1 de junio. Señaló que estimaban entre 10 y 16 tormentas tropicales, y la aparición de entre 5 y 9 huracanes de intensidades y categorías variables en el Atlántico y el Mar Caribe.

Las acciones de monitoreo “identificarían vulnerabilidades montañosas, vigilarían el cumplimiento del sistema de mantenimiento de drenajes y alcantarillado, y los niveles de los embalses y cursos de agua”; También anunciaba la activación del Sistema de Gestión de Riesgo y Administración de Desastres en territorio venezolano “al tomar las previsiones” con el –entonces- ministro de Ecosocialismo y Agua. En su alocución, el militar no ofreció detalles sobre las condiciones ambientales para afrontar la temporada, ni las consecuencias de las acciones y omisiones que acrecientan la crisis, como el Arco Minero del Orinoco.

La temporada de lluvia en Venezuela inicia históricamente en mayo, motivo por el cual es catalogado como el mes del florecimiento de los árboles. Como es tradición, el periodo lluvioso comenzó ese mes, sin embargo, de manera irregular. Especialistas concuerdan en la teoría de que la expansión urbana y minera en el Arco Minero del Orinoco (zona sur de Venezuela donde se originan las lluvias), aceleraron la tasa de deforestación, alterando los procesos de evaporación y transpiración (en los sitios donde hay plantas se evapora más agua, ya que estas transpiran).

Las alteraciones de las condiciones en la zona sur -donde convergen los vientos que vienen del atlántico y del caribe, y donde se gestan las lluvias en Venezuela para después expandirse hacia toda la región norte-costera y occidente del país-, afectan los patrones climáticos y disminuyen las precipitaciones u ocasionan que sean más agresivas por la alta concentración de gases en la atmosfera.

Múltiples problemas

Los altos niveles de deforestación en el estado Zulia, principalmente cerca de las cuencas hidrográficas, alteraron los ciclos de lluvia y las ciudades –donde hay pocos árboles que cumplen el proceso de absorción del agua y facilitan el de los suelos, además de mitigar los impactos naturales- son más vulnerables frente a los mismos, explica Gustavo Carrasquel, director general de la Fundación Azul Ambientalistas.

Las lluvias amenazan desde distintos frentes a la región y uno de ellos son las potenciales inundaciones debido a las obstrucciones de las cañadas que -en muchos casos- están copadas de basura. La “mala planificación” ocasiona que los desagües y las correntias de agua sean “deficientes, estén mal hechas o no existan”.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOA por sus siglas en ingles) y la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), han venido alertando sobre la acumulación de CO2 y otros gases de efecto invernadero en la atmosfera y su incidencia en el aumento de la temperatura en el planeta. En el caso de Venezuela y el Zulia -con las miles de toneladas de basura que permanece en las calles- aceleran y alteran el proceso de descomposición de la materia orgánica y la evaporación de los gases que produce y que ascienden hasta la atmosfera quedándose retenidos allí durante meses o años, incidiendo en los efectos de cambio climático, detalla Carrasquel.

Una de las características más notorias de los efectos del cambio climático en el Zulia, en comparación con otras regiones del continente –afirma-, son las tormentas eléctricas que son un síntoma “inequívoco de acumulación de gases en el medio ambiente”. Al llover, la humedad no solo acelera y altera el proceso de descomposición de la basura, sino que hace que se propaguen un sinfín de bacterias por la ciudad (esporas que viajan a través del aire y se mesclan con las partículas de oxígeno), que sumadas a los miles de animales que están en situación de calle, desencadenan un ambiente propicio para enfermedades respiratorias, en la vista y en la piel, como escabiosis.

Los vectores de las enfermedades se ven más ampliados por las condiciones climáticas que se presentan antes y durante la temporada de lluvias, y la quema de basura -compuesta de materia orgánica mezclada con materia inorgánica pesada como plásticos- generan un carbono muy denso que se bioacumula en las estructuras de las ciudades, en los tejidos de los seres vivos y en las plantas. Conjugados con factores climáticos como la evaporación, aumento de temperatura y condensación, generan un ciclo de movimiento para los vectores de las enfermedades que pueden propagarse durante la temporada.

La quema de aceite requemado que utilizan los vehículos en el Zulia, en detrimento de lubricantes tradicionales, ocasionan acumulación excesiva de gases de efecto invernadero que permanecen en el medio ambiente y generan microclimas que desencadenan fenómenos extremos.

Múltiples desafíos

El desvió de cañadas, cuencas hidrográficas y ríos, sumado a “que la población no ha sido educada y tiene mal comportamiento frente a sus responsabilidades ante el desbordamiento de la basura”, son elementos que se añaden a la lista de flagelos, según el consultor del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

A las situaciones mencionadas anteriormente, los ambientalistas consultados para esta nota, refirieron otras acciones y omisiones como las inundaciones debido la fractura de la red de cloacas en algunos sectores para desahogar las aguas de lluvia. “Al fracturar estas estructuras de concreto se compromete su integridad y como se robaron las bocas de visita para venderlas, encuentras cantidades excesivas de basura. Cuando llegan las lluvias y aumenta el volumen de agua en la red, las tuberías terminan de reventarse, todo colapsa y nos vemos expuestos a materia fecal”.

Entre las posibles soluciones a los problemas, destacan el diseño e implementación de políticas públicas orientadas a la educación ambiental, cumplimiento de la legislación y el saneamiento de cañadas y desagües que no deben embaularse, porque se transforman en estanques de almacenamiento de agua. Hasta los momentos la temporada irregular de lluvias en el Zulia dejó muertos, heridos, damnificados, desplazados, daños materiales, árboles caídos, miedo y “pañitos de agua tibia” para una realidad cuyos efectos “se pudieron mitigar”.

 

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